Objetos infernales que toda madre debe poseer. Parte II.

(NO APTO PARA LECTORES SENSIBLES)
Hablemos de uno de mis grandes defectos: mi pasión por la ESCATOLOGÍA (Si, si, habéis leído bien.  No he dicho ni antropología, ni paleontología, ni geografía. He dicho ESCATOLOGÍA). 
Siempre he pecado de ser una persona que conversa sobre ciertos aspectos de la vida sin pudor alguno, sin vergüenza, con la facilidad con la que unto mantequilla en las tostadas. Lo reconozco: hablo de cacas y pedos con una naturalidad pasmosa. 
Así que hoy, con la impunidad y anonimato que me regala esta plataforma, voy a tratar un tema que muchas SUFREN EN SILENCIO. No así yo. He aquí otro de los inevitables O.I.C.Os (Objetos Infernales de Carácter Obligatortio) que cualquiera madre debe tener: ALMORRANAS.
Para aquellos que nunca han disfrutado del inmenso deleite que aportan a tu vida las hemorroides, daré una definición sencilla: “bultos que la mala suerte coloca estratégicamente en la puerta de tu ano”. No pongáis esas caras. Al pan, PAN!
           Resulta que las hay de todos los tamaños y colores. Yo las mías nunca las he visto (suspendí  contorsionismo en el colegio), pero vamos, por cómo duelen, me las imagino gordas, peludas y con cara de cabronas!! Véase reproducción gráfica simulada.
        Lo curioso es que, antes de conocerlas, los anuncios de Hemoal me parecían una soberana estupidez. Ahora que se han instalado – cual okupas – en mis partes nobles, veo que NO ME EQUIVOCABA. Las cremas antihemorroides…SON UNA SOBERANA ESTUPIDEZ. Porque un potingue cremoso como ese no sirve para nada. En todo caso yo vendería MOTOSIERRAS, ALICATES, PODADORAS…pero no cremas!!!!!!!!!!
        ¿Y qué tienen que ver las madres en todo esto? Transcribo una conversación REAL extraída de una reunión entre miembros afectados por las almorranas:
Madre 1: Uy, tengo dos desde hace días que me están matando!!
Madre 2: ¿¿Solo dos??? Yo tengo tres, pero ya son parte de mí.
Madre 3: Ah, pues yo tengo solo una que viene y va.
           Así es, queridas. Es jugar a ser mamá…y ganar el premio gordo. Pero GORDO, GORDO de verdad. Desde que empieza el embarazo, durante el mismo, después de parir…y para siempre. Vamos que una almorrana es como tu segundo hijo. Lo sientes cada día, sufres por él y estará contigo hasta que te mueras!!
             Os podéis imaginar qué ratos más agradables pasa una en el WC. Mmm, largos y entretenidos. Lo de largos, es obvio, lo de entretenidos, según te lo montes. BRICONSEJO: Ten el Quijote a mano. 
Pero, tranquilas, ese momento ALL BRAN, no lo voy a describir, sería demasiado por un día. Además, una imagen vale más que mil palabras.
 EXACTO, duele QUE TE CAGAS!!!!